• PRINCESITA DE DIOS

  • CONOCE Y AMA AL SEÑOR EN LOS DÍAS DE TU JUVENTUD.

    Señor, tu palabra escrita es lámpara a mis pies y lumbrera a mi camino. Tus maravillosas promesas aún las recuerdo y me dan aliento. Tus mandamientos no son pesados , ligera es tu carga cuando entiendo que lo que me ordenas es para mi propia felicidad. Señor, gracias por darme la presencia dulce de tu Espíritu y hacer una obra de grandeza y poder dentro de mí. Me rindo ante ti con adoración. Amén.
  • Cada día que amanece; es un día más para amar, es un día más para soñar, es un día más para vivir. De ti depende, que cada día sea un día feliz.
  • ORACIÓN DE PRINCESA

  • Señor, te amo verdaderamente eres mi mejor amigo. Me llenas de ti cuando me siento sola y vacía. Me consuelas cuando lloro. Te ocupas de mí de una manera en que nadie más lo hace. Tú me conoces, y sabes de mis caídas mejor que cualquiera, sin embargo, aún así me amas. Y yo sé que tú estás conmigo dondequiera que vaya. ¡Que bendecida me siento al verme acompañada por el creador de los cielos y la tierra en mi paso por la vida.! No permitas que jamás olvide que tú estás conmigo siempre hasta el fin de los tiempos. Graba en mi mente el recuerdo de los momentos en que tú me amaste cuando yo era inmerecedora de tu amor, y de todas las veces en que me perdonaste cuando pequé contra ti. Que nunca me olvide dónde estaba cuando te conocí, y cuánto me has echo avanzar en la vida. Gracias por perdonar mis pecados. Gracias por tu presencia constante. Gracias por ser mi amigo fiel, que nunca me deja ni me abandona. En el nombre de Jesús, amén. Con amor tu princesa , que te ama cada día más. Dios del cielo, el grande y temible Dios, que guarda el pacto y la misericordia para con aquéllos que lo aman y guardan sus mandamientos. Nehemias 1:5
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AMAR AL CRÍTICO QUE LLEVAMOS DENTRO

Hay muchas personas que son excesivamente críticas consigo mismas. Casi nunca están conformes con los resultados de su trabajo, con la calidad de sus relaciones, con su vida en general…

Amar al crítico que llevamos dentro...

Son perfeccionistas. Pero no por tener un honesto compromiso con lo bien hecho, sino como estrategia para protegerse de la autocrítica ante el más mínimo error cometido.

Además, son excesivamente susceptibles a la crítica o a la desaprobación de los demás, en la que ven reflejado su propio y doloroso conflicto interno.

Esa parte autocrítica de la personalidad está respaldada por emociones que parecen justificarla, que la muestran “razonable”: frente al error propio o ajeno, automáticamente surgen el enojo o el disgusto y entonces la opinión desfavorable (es decir, la crítica), parece lógica y natural.

Si una persona con estas características toma consciencia de su situación, si se da cuenta de que su autocrítica sólo le provoca dolor sin ayudarle realmente en ningún aspecto de la vida, tal vez se diga: “Bueno, tendría que dejar de ser tan autocrítico” o “Debería comenzar a tratarme con más consideración”, lo que no es más que nuevamente el mismo mecanismo muy, pero muy sutilmente disfrazado: observar el propio “error” y reclamarse a sí mismo por cometerlo.

Pero entonces, ¿qué hacer con este rasgo de la personalidad con el que honestamente no estamos conformes, que sinceramente queremos abandonar, si al señalárnoslo como inapropiado estamos actuando desde la autocrítica que nada resuelve? Más precisamente, ¿qué hacer con el crítico que llevamos dentro si al cuestionarlo o criticarlo en realidad le estamos dando el control y lo fortalecemos?

La respuesta a esta pregunta me pareció desconcertante e inesperada. No parece ser la solución lógica de este problema. Pero por ser la respuesta correcta, ciertamente también está respaldada por la lógica.

Veamos: esta parte crítica (o autocrítica) de la personalidad, la que, disfrazada de saludable perfeccionismo, sólo provoca dolor al calificar de insuficientes todos nuestros esfuerzos y resultados ya que, “lógicamente”, siempre podrían haber sido superiores o mayores o mejores, esa parte crítica está herida. Se trata de una parte lastimada, triste y enojada, precisamente porque se formó de la crítica recibida por el niño que fuimos.

El amor es lo único que puede sanarnos...

Y es legítimo e inevitable que un niño así lastimado por adultos, se sienta dolido, triste y enojado. Y es comprensible que se exprese con el lenguaje y con los códigos aprendidos de la crítica sin amor. Y un niño así lastimado, que no recibió el sano estímulo del amor y la aceptación incondicionales, no merece de nuestra parte nuevas críticas y maltratos para “corregirlo”, sino que le corresponde (y lo reclama, a su manera) que simplemente lo aceptemos y que lo amemos. El amor es lo único que puede devolverle (¡que puede devolvernos!) la paz, el equilibrio y la alegría. El amor es lo único que puede sanarnos…

Y esta conclusión no sólo vale en nuestro interior. Cuando finalmente entendemos esta situación que tiene lugar dentro nuestro, cuando comprendemos que la única respuesta eficaz contra la propia crítica o la autoagresión es el amor hacia nosotros mismos (especialmente hacia nuestra parte crítica), inmediatamente apreciamos el alcance universal de esta conclusión. Comenzamos a comprender cuál es la verdadera condición del “agresor”: alguien que en realidad se castiga a sí mismo, alguien que necesita con urgencia darse y recibir su propio amor, alguien que es incapaz de dar amor a los demás y de recibirlo porque recrea o proyecta en ellos su propio drama interno, y, finalmente, alguien como nosotros, que sólo necesita amor para sanar…

Axel Piskulic

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